Cosas que no hemos votado
Es probable que mañana a estas horas (18,13) tengamos gobierno; o quizá lo hayan dejado para septiembre. La única diferencia, en todo caso, será nuestro grado de cabreo y la perplejidad que nos invade.
En el momento en el que haya gobierno sabremos que Sánchez abandonó eso de gobernar solo o con amiguetes, tan propio del socialismo hispano, y que Iglesias seguirá siendo "el sol resplandeciente de todas las musas", pero no será ni ministro ni bien de estado, con lo que él ha hecho por este país del que usted me habla.
Ochenta días después, a apenas un día de la segunda votación de investidura, no sabremos si habrá gobierno, pero sí que el futuro está lleno de incógnitas y de cosas para las que no hemos votado, precisamente.
Ustedes, como el que suscribe, habrán votado convenientemente a una u otra candidatura, pero en ningún caso han votado un cambio constitucional.
Que Sánchez diga ahora que hay que constitucionalizar el gobierno de la lista más votada tiene la poca gracia del mal cinismo y apunta a remate del pluralismo. Cambio de régimen es, igualmente, privarle al presidente del Gobierno de su capacidad de decidir quién integra su colegio ministerial y pasarle la decisión a la asamblea popular.
Diga lo que quiera el "segundo sol de la vida de los españoles" la ciudadanía no vota vicepresidentes, ni composiciones proporcionales de gobierno, ni vigilantes de los ministros: vota parlamentos.
La ciudadanía, además, como aquí se ha escrito ,votó una moderación por la que Sánchez no ha trabajado, esperando que el desestimiento de todo el mundo le haga inquilino de la Moncloa.
No hemos votado que Irene Montero sea la mandamás de la cosa "social", una vez que Iglesias se cayera del caballo de lo imposible. No queda estético el modelo Kitchneriano y nos gustarían vicepresidencias con alguna experiencia profesional, pero eso no importa: lo que no hemos votado es que un cargo de nuestro gobierno no pueda decir "España" o que se trocee un presupuesto público en ministerios incompatibles, en un escenario que apunta al retorno a la tutela de Bruselas, si se confirma el programa de gobierno desgranado por Sánchez.
No hemos votado que se exploren caminos fuera del constitucionalismo. Sánchez, que en algún momento de la investidura ha parecido desbordado, se ha vuelto a hacer un lio con los independentistas, agradeciendo abstenciones, que no eran tales, pero ofreciendo por aquí y por allá un confuso diálogo que, al parecer, acaba "en algún tipo de votación" del que siempre se habla, pero que no parece muy legitimado.
Vale, la ciudadanía sabe que el pluralismo es más caro que el bipartidismo. Algo habrá que pagar para contentar a más gente. Pero no hemos votado el clientelismo vasco, incluido su Estatuto; no hemos votado ni coser los rotos de Cantabria ni transiciones energéticas de esas que mantienen el carbón, suponemos que para almacenarlo.
Sabemos, desde luego, que nuestro voto regaba un impresionante jardín de egos y alimentaba soberbias universales. Pero no hemos votado el desprecio y la falta de respeto con la que el personal político se trata porque sabemos que eso es mala indicación para el futuro.
Sabemos que hemos votado a una pandilla de listos y listas; pero no hemos votado sorpasos futuros, ni en la izquierda ni en la derecha, sino compromisos de presente, cosa que los Rivera y compañía olvidan, y al olvidarlo, se embeberán más, pero tendrán menos futuro.
Hay cosas que no hemos votado. La forma es sustancial en democracia, porque representa tanto el respeto a la norma como la ética democrática. No hemos votado su desprecio.
No hemos votado que ambas se cancelen en arteras trampas parlamentarias: no se hacen públicas las negociaciones, no se desprecian las políticas públicas; tampoco se llama negociación a lo que es imposición, ni acuerdo a lo que es clientela: Iglesias, Sánchez, los vascos y un señor de Cantabria andan liados con cosas que no hemos votado.
No; hay que cosas que no hemos votado. Por ejemplo, no habíamos
votado el retorno del bipartidismo, pero que sigan así un par de días...
