Viene un lío de narices

31.08.2020

No soy partidario, que quieren que les diga. Concluida la parada biológica agosteña que, más o menos, cierra este blog, salvo crónicas radiofónica de viernes, llega la nueva temporada.

Y no: no me gusta como calza la perrilla, que decía mi señora abuela. Antes de llamarme fascista, que ustedes son muy suyos y suyas, déjenme que me explique.

No hemos hecho precisamente el agosto. A pesar de intentar recuperar el ocio y el consumo, la falta de confianza extranjera, con sobradas razones, ha cerrado nuestro turismo y los hoteles caminan al cierre cualquier semana de esta. Ya que el ocio no era la cosa, podríamos habernos ocupado de las escuelas, pero estar, lo que se dice estar, no hemos estado.

Ahora, dice Sánchez, necesitamos concordia. Sea; es una convocatoria a la derecha, pero tampoco se sabe que pone el gobierno, que anda entre flirteando con Arrimadas y protegiendo a Iglesias, ya más preocupado de cuidarse a sí mismo que de otra cosa.

A lo que importa, la izquierda no anda muy allá. Promete estabilidad Sánchez, cuando nadie se lo había preguntado y todo aconseja un cambio de gobierno para afrontar la etapa de reconstrucción y concordia.

Que quieren que les diga, un ministro del espacio del que nadie sabe su utilidad en estos momentos; una ministra de Educación de vacaciones todo agosto y un ministro de Universidades del que no tenemos noticia: un área que requiere a gritos un cambio, acompañada por una ministra de Exteriores, a la que de le desconoce iniciativa alguna para mejorar nuestra dañada reputación.

En el lado del populismo de izquierda de verdad verdadera, la cosa tampoco parece ir muy bien. Garzón ya ha sido abandonado. Un ministerio inservible es habitado por un ministro que ya no es el favorito. El nuevo príncipe es el Secretario del PCE que, de paso, se quiere quedar con los restos de Izquierda Unida. Castells ya ha sido desahuciado e Iglesias se limita a cuidarse él y a Irene Montero, por ahora.

Solo la polarización social, animada por todos los radicalismos, mantiene al gobierno en su sitio. La moción de censura anunciada por VOX, o yo o el fascismo, vendrá a ayudar a Sánchez, sin duda. Una oportunidad de legitimarse.

Pero, amigas y amigas, vienen tiempos difíciles. A partir de mañana se acumularán malas cifras y peores noticias. Y, la verdad, la verdad, es que no parece que estemos preparados. 

Las dificultades para hacer un presupuesto, la evidente ruptura de la coalición de gobierno, la sensación de que no hay más plan que aguantar, la falta de coordinación, la cogobernanza convertida en allá usted lo que haga, no ayudan a mejorar la confianza, valor fundamental para cualquier estrategia.

La concordia está bien como propuesta. Ahora que la pandemia ha cancelado la legislatura del progresismo, progresismo, el federalismo, los cambios y todo lo demás, queda reconstruir algo el país. O sea, que la ideología ha dado paso a la concordia.

La derecha acabará aportando algo, aunque se resista, por lo menos dejando hacer y, probablemente, dando algún respiro institucional. Los que apoyaron la investidura, con la excepción del PNV, parecen a lo suyo. De Cataluña no llegan, precisamente, buenas noticias.

Tejido político no hay mucho, a menos, hay menos política que necesidades. O sea, que viene un lío de narices. Ya iré opinando, aunque no les guste.

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