Un agosto sin corbata (3) Desenfunden la “revolving” o a los abuelos

03.08.2022

No; no existe el bono del helado; se siente. El derecho universal al helado no corresponde a los vulnerables. El presidente se ha ido de vacaciones: no tenemos medidas posibles para financiar tan necesaria ayuda.

En consecuencia, señor y señora mía, si ustedes tienen hijos, hijas, nietos o nietas, entre uno o infinito, más de uno es infinito, deben recordar que, en verano, niños o niñas pueden no tener comida, pero, me entenderán, no pueden faltarles chuches ni helados.

Así, ante la inflación del helado, ustedes solo tienen dos armas: o desenfundan la "revolving" o le colocan a los abuelos y abuelas la compra del exquisito producto.

El helado se ha convertido en un producto típicamente inflacionario, su precio supera en muchos casos el diez por ciento de aumento anual.

Ustedes que practican prole o nieterío lo habrán notado: el helado es más caro y más pequeño. Es un ejemplo de inflación de precios y de inflación por reducción. O sea, se elevan precios y, además, se vende menos por el mismo precio.

Los abuelos y abuelas son un recurso aceptable, dependiendo de la pensión. Si el abuelo o la abuela cobran más de 1300 euros tiene razonables expectativas de futuro.

Dada la inestimable reforma de la actualización de pensiones, siempre atenta a los más vulnerables que queremos proteger, resulta que las pensiones superiores a esa cantidad se quedarán la mitad del 8% de la actualización esperada. De los doce mil millones que costará la actualización de las pensiones, las superiores a esa cantidad se quedaran con la mitad de la actualización.

Pero más importante que el recurso a los abuelos y las abuelas es el crédito al consumo. Españoles y españolas están financiando sus vacaciones con recursos a crédito al consumo y, de nuevo, a las tarjetas "revolving". Los expertos bancarios, siempre agoreros, auguran riesgos de morosidad.

Pero eso, dice el presidente, es puro derrotismo, hay que mirar las cosas, señala, con otros lentes. Aunque la Señora Díaz y la Señora Calviño han torcido el morrillo, sugiriendo algún tipo de crisis en el otoño.

Los hogares españoles han solicitado mayores cantidades de crédito a todo tipo de entidades financieras. Empezaron con la invasión de Ucrania y el contexto de crisis energética e inflación que está mermando su poder adquisitivo en los últimos meses.

A diferencia de lo sucedido durante la pandemia por las medidas adoptadas de protección del trabajo y rentas, el crédito sube más en el caso de las familias que en el de las empresas, aunque se constata una mayor necesidad de financiación en ambos casos a nivel interanual, según el Banco de España

Históricamente, España ha salido de sus crisis con el endeudamiento de las familias que compran sus productos a empresas que los fabrican endeudándose. Naturalmente, puede creerse, es probable, que esta crisis tiene parámetros distintos a los históricos.

Pero no parece muy sostenible que las familias se endeuden para pagar inflación y no para pagar bienes. De hecho, el último crecimiento del endeudamiento empresarial calculado por el Banco de España es, simplemente, cero. Entre tanto el crédito al consumo anda por aumentos anuales del cuatro por ciento en junio y dicen las entidades financieras que en el último mes anda por encima.

Los tipos de interés tanto de los créditos como de las moras serán notablemente altos. Especialmente en las "revolving" que han vuelto a las andadas: andan en importes y plazos bastante insoportables.

Pero los helados son como la gasolina: hay que comprarlos. Les parecerá broma, pero la rigidez de un niño o niña, reclamando su golosina, es más alta que cualquiera de las demandas que imaginen.

No todos los vendedores de helado están recuperando sus costes. Pero es inevitable: electricidad, lácteos, transportes y miles de etcéteras sugieren un inevitable aumento de precios.

Lamentablemente, no hay excepción ibérica para el helado. Se siente.

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