Trump y el día de la liberación de su testosterona

01.04.2025

Una palabra sobre los aranceles. Han sido habituales en los gobiernos populistas. Se trata, en realidad, de un residuo de viejas y rancias políticas autárquicas y países cerrados que, por cierto, suelen ir acompañados de recorte de libertades.

Toda la evidencia empírica sobre los aranceles muestras resultados similares que en cualquier manual de economía: aumentan los precios en el país que los impone; disminuye la demanda de los bienes importados y el aumento de las producciones locales no compensa los costes que pagan los consumidores.

Esto es lo que le dijimos a la Unión Europea cuando impuso aranceles a los vehículos chinos. Y teníamos razón.

A Trump el asunto le tiene sin cuidado. En la época MAGA  - (Make Great America Again) -, la magia del relato, como buen populismo, ha sustituido a las condiciones de vida de la ciudadanía. Como no pocas veces ha ocurrido en España se castiga a quienes se dice proteger: los estados que electoralmente son prioritarios para Trump, en este caso.

La respuesta europea, por ejemplo, sancionando a productos como Lewis, Harley Davidson, Bourbon, cosmética o acero y aluminio perjudican a Alabama, Virginia o Georgia, conocidos estados que votan republicano.

El arancel, en realidad, no es para Trump una medida económica y le importa un bledo el impacto sobre los precios. En su primer mandato, el índice de precios se quedó en el entorno del 4,5%. El arancel es una medida de presión política.

El único país que negocia con USA sobre acuerdos comerciales, Reino Unido, se ha visto sorprendido, en plena negociación comercial, por una declaración del vicepresidente Vance, vinculando la negociación a la libertad de expresión en el Reino Unido. La razón es que una portavoz antiabortista tiene una orden de alejamiento de las clínicas abortistas: un motivo de arancel, faltaría más.

Por cierto, que ya puestos, podríamos reclamar a las autoridades europeas que la preservación de la salud sea motivo de arancel y tasemos, por un poner, las bebidas azucaradas como la Coca Cola o la Pepsi o, por ejemplo, los medicamentos que contengan opiáceos, los productos con excesos de grasa como los McDonald´s o los productos de pollo como KFK. Si nos ponemos nos ponemos.

Los británicos convertidos en colonia y los franceses los más viejos aliados de los norteamericanos enfadados. El atlantismo a mejor vida. Un efecto colateral del trumpismo es que los británicos abandonen su "brexit". La "coalición de los dispuestos" (tropas en Ucrania) es algo más que un acuerdo político: es el retorno de Inglaterra a la Unión Europea.

Dice Trump que el dos de abril, es el día de la liberación. En realidad, no habla de aranceles sino de su testosterona y la de su "pandi" de oligarcas fantoches que han pasado a financiar sus empresas con trampas contables (tipo X) o con préstamos inacabables a módico precio (OpenAI). Es lo que hay: el uso del poder por oligarcas populistas, con toques nazis en cuanto rascas.

A los conservadores europeos que acogieron con satisfacción el éxito del norteamericano solo les queda esperar a que Trump que, en realidad, ya es un pato cojo sin necesidades electorales, vea la luz. Entretanto el antiamericanismo se extiende o resucita a lo largo de Europa.

El antiamericanismo está en auge. En España tiene amplia tradición, incluido el personal conservador. Desde Cuba a la Segunda Guerra Mundial. Desde el Franquismo a la adhesión americana a Marruecos. Desde Palestina a las tontadicas con Putin, el personal español no es muy partidario y, como se ha dicho, hasta los más conservadores, con la excepción de Abascal  que es de Trum los días pares y de Putin los impares- recelan del trumpismo populista y salvapatrias.

El miércoles, si alguna pulsión de última hora no lo remedia, se inicia un periodo que, en buena medida, desplomará las economías mundiales y deteriorará la seguridad de los inversores. Cuando Trump exige la exención del IVA a las importaciones estadounidenses eso equivale a extorsionar con amenazas un beneficio que se les niega a los productores europeos en USA.

Observen cómo las amenazas políticas de Trump llegan hasta Europa. Una carta enviada desde las embajadas estadounidenses en Europa la semana pasada ordenó a las empresas y organizaciones extranjeras con contratos o vínculos con Estados Unidos que obedecieran la orden ejecutiva de Trump de "certificar que no operan ningún programa que promueva la DEI" (diversidad, equidad e inclusión) o dejen de operar con petróleo venezolano. Un ataque a la soberanía de los países europeos.

Mientras el trumpismo nos recuerda a todos que los valores democráticos están en peligro, la izquierda debe reparar urgentemente sus idearios, especialmente en materia de solidaridad europea y garantías de seguridad.

La liberación "MAG(ic)A" de la testosterona del presidente norteamericano, Vance y la pandi de oligarcas pone al personal europeo en notable peligro. No nos queda otra: responder con la misma moneda. Al fin y al cabo, América la tiene menos grande de lo que parece (me refiero a su economía, naturalmente). En unas horas sabremos el alcance real del  "arancelazo", pero no les quepa duda que estaremos permanente amenazados. Europa deberá decidir si quiere vivier de rodillas ante el magnate y los ologarcas.

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