Silicon Valley, el campus de esos impresentables chicos tan blancos
Silicon Valley ha fascinado siempre. Las románticas muchachadas haciendo dinero en garajes, a grito de
desregulación y acabad con el mercado viejo, valían tanto para las mentes más
conservadoras como para las radicales y disruptivas.
No todos hemos compartido esa ensoñación. Silicon Valley siempre fue como es hoy: profundamente conservador y
discriminatorio. Las compañías "tech" más famosas hace tiempo que
dejaron de ser simpáticas.
La bandera de la desregulación y la anarquía de
mercado ha sido el hermoso discurso libertario que ha amparado la elusión
fiscal, los monopolios escondidos, las discriminaciones laborales, el racismo y
el sexismo.
Este verano, con Google capitalizando
multas y denuncias y Uber en
franca crisis debido a abusos sexuales, hemos conocido datos de la cultura
corporativa que anima al valle encantado. Historias de abusos sexuales, de
rondas de financiación en que mujeres que buscaban recursos para sus empresas
emergentes debían sucumbir, brechas salariales y brechas raciales.
Lo que es peor, como viene contando Estrella Digital, nos han mostrado en su crudeza una ideología dominante sexista y racista que
no solo se pone por escrito, sino que contamina los algoritmos, el software y
las aplicaciones.
Resulta abrumador saber que mientras en el área de Washington la población afroamericana trabajando
en tecnología supera el 17,3%, en
Silicon Valley la cifra no supera el 2,7%. En el caso de Google y Facebook, las cifras
están por debajo del 2%. En el caso de las mujeres, raramente superan el 20% en
puestos de competencia tecnológica y cobran notablemente menos que los hombres,
como se explicaba ayer en Estrella Digital.
Compañías como Google, Facebook
o Apple son conocidas por políticas de reclutamiento laboral
extraordinariamente agresivas. Difícilmente podrán explicar como en un Estado
(California) donde más del 20% de la población es latina, en el mercado
tecnológico solo trabajan un 6%.
Nada es nuevo: la verdad es que esta cultura tóxica viene de lejos. En los
años 90, el clima político en el que se desarrolló Silicon Valley era
antigobierno,antisindical, antiacciones positivas y antiinmigración, como
denunciaban los movimientos de defensa civiles y, especialmente, Jesse
Jackson. Lo grueso no ha
cambiado por más que los lenguajes políticamente correctos hayan
sustituido a la brutalidad de las cifras de los 90.
El valle de la segregación ignora una cruda
realidad: las mujeres fueron expulsadas de la tecnología cuando la informática
empezó a ser negocio. Antes (Ada Lovelace la primera, en 1840), las mujeres
siempre estuvieron en el liderazgo de la investigación.
La extrema derecha pro Trump pretende convertir a las
más relevantes empresas de Silicon Valley en una pandilla de liberales y
radicales progresistas, enrocados en política inmigratorias, genero y demás. Su
próximo héroe será sin duda el ingeniero de Google que defendió las raíces
biológicas de la reducida presencia femenina en la tecnología.
Nada más lejos de la verdad. Los
números desmienten cualquier discurso progresista para
presentar una cultura tóxica de unos niños que se hicieron hombres con las
mismas ideas conservadoras de siempre. El Valle es solo un campus donde impera
la norma ética de impresentables hombres blancos malcriados.