Si la pluralidad no es eficaz
Décadas pidiendo pluralidad al sistema político y, cuando la tenemos, el gobierno dura menos de mil días.
Dígase lo que se diga, pero no ha sido el bloqueo parlamentario de las derechas quien ha negado el ejercicio de la pluralidad. Fue la cal y la sal las que nos llevaron a repetir elecciones y ha sido el derecho de autodeterminación y sus voceros, manda narices, quienes nos dejaron sin gobierno.
Han sido los aliados de hace mil días los que han acabado con el gobierno de Sánchez. Dos veces ha tenido Sánchez la legislatura en sus manos y dos veces se la quitaron sus compañeros de viaje.
Las formaciones políticas no han acompañado el cambio en el sistema político. En primer lugar, la pluralidad política exige una cultura del pacto distinta a la que se producía cuando las fuerzas políticas solo aspiraban a acompañar a los líderes del bipartidismo.
En situación de pluralidad hay dos comportamientos desechables: la del comercio y la de la amenaza de inestabilidad. La acrisolada costumbre del clientelismo, fundamentalmente económico, de las minorías de acompañamiento y la sugerencia de ruptura de acuerdos al mínimo conflicto son incompatibles con la estabilidad.
Pero, además, las fuerzas política españolas en pluralidad han decidido que no ponen a debate un proyecto de país sino el liderazgo del bloque ideológico correspondiente. El "sorpasso" original, superación de la derecha italiana por la izquierda eurocomunista, se ha convertido en la carrera entre Populares y Ciudadanos, por un lado, y PSOE y Podemos, por otro.
El blindaje de los propios electorales conduce, necesariamente, al cierre de fronteras ideológicas, a la reducción del diálogo y, en consecuencia a la polarización. Un escenario que alienta toda suerte de populismo, sea ideológico o nacionalista.
Una consecuencia de votar en abril - a un mes de elecciones de todo tipo en Mayo-, en ese cuadro político, es que dificulta los acuerdos. ¿se imaginan a dos partidos negociando un gobierno la misma semana que compiten por alcaldías, autonomías y europeas?
Un cometido difícil y contradictorio que perjudicará a quienes no lideren los bloques ideológicos. Razón por la que ya se sugieren repeticiones en Octubre que redoblarían el castigo a las minorías.
La polarización, trasunto de la política de la ira que busca el castigo antes que la solución, acompañada de pluralidad, conducen a los cordones sanitarios, la imposibilidad de diálogos entre ideologías y, en consecuencia a gobiernos inestables.
Si la pluralidad no es eficaz, se añorará la ficticia bonanza
antillana del bipartidismo. El cambio en la gestión del pacto y su
respeto es una condición indispensable para un futuro plural. Cambio cultural
imposible si no nos desembarazamos de los tics populistas que han contaminado
el sistema político.
