No beses en el cuarto de banderas

02.10.2020

Mientras Ayuso y Sánchez se encaminaban al cuarto de banderas, militantes socialistas no dejaban de tuitear barbaridades sobre la presidenta de Madrid. Por otra parte, el hasta entonces ejerciente líder de la oposición madrileña, a la sazón delegado del Gobierno, era retirado de cualquier conversación.

O sea, que la cosa no solo no pintaba bien, sino que apuntaba a un acuerdo de los que le gustan a Sánchez y Redondo, unas horillas y un par de filtraciones de prensa; el relato, que se dice. En eso sí que están de acuerdo con los estrategas de la Puerta del Sol. 

El acuerdo solo sirvió para una cosa: el delegado del Gobierno fue sustituido por Illa como líder ejerciente de la oposición madrileña.

Los socialistas madrileños, mientras resuelven su propio lío - no les gusta la factoría Redondo en la Moncloa ni su líder parlamentario en Madrid -, siempre han sido muy levantiscos, han decidido que ya tienen nuevo líder: Aguado.

El vicepresidente de Ayuso y jefe madrileño de Ciudadanos en el que confían los socialistas para una moción de censura, mucho confiar parece, no deja, eso sí, de enredar y tiene a sus consejeros tan despistados como en posición de combate.

El Consejero de las residencias dicen que está muy enfadado y dimite y los demás pueden abocar a una crisis de Gobierno. Juego peligroso porque Ayuso tiene el arma nuclear: unas elecciones anticipadas,

Entretanto, madrileños y madrileñas, nos disponemos a disfrutar la próxima quincena sin saber, a hora y media de la entrada en vigor de las áureas normas, si estamos confinados o no, aunque sabemos, eso sí, que los pobres de Vallecas y Usera podrán pasear por el Barrio de Salamanca  los ricos podrán huir a Asturias en avión o en AVE, aunque nunca en coche. Cosas del inescrutable designo de los dioses.

Pero esto no es relevante. La cosa es que todo el mundo afirma que no quiere hacer política con la pandemia, pero en cuanto se ponen no se hace otra cosa, sea en la izquierda y la derecha. Dicho sea de paso, las mociones de censura son la mayor expresión de politiqueo en pandemia, sea la de VOX o la de la izquierda madrileña.

Tres cosas del politiqueo en curso deberían tenerse en cuenta.

En primer lugar, La Moncloa no tiene antenas para replicar su política en Madrid, más allá de la Sexta y un par de periódicos que solo leen los convencidos. La debilidad partidaria, agudizada tras la "podemización" sanchista de las agrupaciones es más que notable en un partido debilitado e incapaz de articular una presencia social autónoma.

La presencia social madrileña, muy radicalizada por cierto, carece de referencias tradicionales sean los partidos de izquierda o los sindicatos y está en manos de presencias muy radicalizadas a las que los socialistas apoyan, un día sí y otro no, en notable confusión.

Ayuso no parece representar el liderazgo que reclama la derecha. Solo Casado parece sostener una gestión política que muchos en el PP ven como un peso para el despegue. También parece que la política de polarización favorece a VOX y aleja a Aguado, traidorcete oficial del universo conservador.

Pero hay algo más relevante que las estrategias partidarias: el alejamiento social de la política. La pandemia ha aumentado notablemente el cabreo social madrileño y ha desvinculado a la política de la mayoría social.

La fatiga política de mayorías es propia de los escenarios populistas y polarizados. La política se convierte en aguas donde se mueven bien los activistas radicalizados y tienden a naufragar las formaciones antaño mayoritarias.

El esfuerzo que hacen los medios de comunicación alineados no acaban de lograr socializar su opinión. El alineamiento tradicional de los votantes de mayor edad y el alejamiento de los jóvenes del escenario mediático convencional hacen inútil muchos de los esfuerzos de los propagandistas que viven en los programas televisivos y radiofónicos de referencia.

Esa misma razón es la que hace inútil muchas de las maniobras políticas que se muñen por los estrategas del relato. Las reuniones para hablar de los mar y los peces, la agitación de banderas y esas cositas no son necesariamente percibidas.

Es por eso que los protagonistas deberían pensárselo, a veces, un poco mejor. Quiero decir, estimada Ayuso, que no beses en los cuartos de banderas. Las consecuencias no son calculables.

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