Mientras Ceuta, otro morro singular

06.09.2026

En un episodio de El ala oeste de la Casa Blanca, el asesor Will Bailey (interpretado por Joshua Malina) explica a unos becarios, desde "el velo de la ignorancia", como definir una política fiscal. En resumen, se trata de que cualquiera, ya sea por sentido común, ya sea por egoísmo racional, diseñaría un sistema que proteja y de oportunidades a los que están más abajo, por si uno lo necesita en el futuro. En realidad, está planteando la primera condición de ley de Rawls: la equidad.

Les cuento esta historia cinematográfica por tres razones: primera, para recordar el tiempo en que los guionistas de televisión sabían explicar las cosas sin trampas y mejor que un ministro. Segundo, y es un consejo, si ustedes empiezan con una historia lateral o que no se parece al asunto es signo de que no ha usado la IA. Tercero, porque a mi amigo y contertulio Paco Revuelta, andalucista y autonomista por antonomasia, le gustan los textos que empiezan con algo que aparentemente no tienen que ver con el tema.

La cosa es que mientras nosotros estábamos digiriendo que una confabulación judía y bolchevique, con la oportuna colaboración monárquica, reforzadas por algunas democracias decadentes europeas y algunos elementos centrales del capitalismo liberal habían invadido Ceuta, el ministro de Hacienda se sintió en la obligación de presentarnos el nuevo sistema de financiación autonómica, utilizando, aquí está la razón del párrafo inicial, el asunto del "velo de la ignorancia". (España, A. 2026. 4 de septiembre. "John Rawls y la financiación autonómica". El País).

El artículo es bastante prescindible, por basarse básicamente en una falacia. No hay "velo de ignorancia" cuando no se define una política sin saber, sino que responde a un pacto político que blinda, precisamente, la desigualdad.

El artículo argumenta que un sistema verdaderamente equitativo requiere que las comunidades autónomas busquen una reconciliación de intereses por encima de sus particularidades económicas para reducir la desigualdad. Reconciliación que se traduce en cesión a Cataluña y las necesidades políticas del socialismo realmente existente.

En el artículo, el ministro empieza declarándose "reformista", ya no es progresista o socialdemócrata. Es lo que tiene el populismo blando de los ministerios de economía y de hacienda. Un toque aparentemente tecnocrático y una autodenominación de tinte liberal, al servicio de la barrida de estado del populismo realmente existente, practicado por el PSOE. Al parecer, ser reformista no es tener una propuesta buena, solo un poco mejor. Nunca una declaración de compra de voluntades fiscales fue tan evidente.

El ministro llevó su propuesta al Consejo de Política Fiscal y Financiera con solo el apoyo de dos Comunidades (Cataluña Y Canarias). Dos Comunidades que saca del sistema en realidad: una, porque camina hacia el cupo por la puerta de atrás y otra, condenada de por vida al subsidio de un fondo especial. El resto de las comunidades ha votado en contra.

Hubo un intento de la Comunidad de Madrid de forzar una ausencia general para evitar el quorum.Era una propuesta políticamente comprensible pero técnicamente inútil. De forma unilateral no servía para nada, porque seguía habiendo quórum. Y si fuera general, tampoco, bastaba el apoyo catalán. El asunto siempre estuvo y está en manos de la Mesa del Congreso, el Congreso, el Tribunal Constitucional y la trampa presupuestaria correspondiente.

En realidad, el ministro ha elegido una inútil defensa filosófica. No hará falta decir que el "velo de la ignorancia", va de personas y no de territorios. Lo que requiere el filósofo es definir las normas, sin saber cuál es la clase, talento u origen.

Si lo aplicamos a España, tenemos un régimen foral, primer juego sucio del ministro, y, luego, un acuerdo con Cataluña con una financiación a la medida, cosa que se repite con Canarias. Financiar a la carta niega "el velo de la ignorancia".

Sin este juego sucio podríamos estar hablando de mejoras y cosas que podían arreglarse. Ahora solo podemos hablar de trampas. La primera la ya conocida de la ordinalidad, ahora reforzada por el llamado "statu quo": nadie pierde, pero tampoco nadie puede mejorar. Es decir, queda condenado a la nivelación (subsidiar el gasto por habitante). Afirma el ministro que toda comunidad pierde y todas reciben más. Eso solo se sostiene en bruto. Cataluña gana 507 euros por habitante ajustado y Extremadura, Castilla y León, La Rioja y Cantabria no ganan nada. Esa cláusula impide que cualquier brecha de desigualdad se cierre.

Otra trampa es que ninguna comunidad estará obligada a adherirse y que la que no quiera puede quedarse en el sistema actual. Es decir, si no quieres la desigualdad, irás a peor. Ya tenemos tres sistemas de financiación generadores de desigualdad.00 Por otro lado, el acuerdo abre la puerta a alcanzar el 90% del IVA, cosa a la que irá Cataluña. Todas las medidas que se adoptan acaban siendo financiadas, por cierto, por la Comunidad de Madrid y por 25 mil millones, quizá más por el estado.

Además del cumplimiento de la ordinalidad, el acuerdo incluye dos trampas adicionales: vincular la solidaridad a nivel de esfuerzo fiscal y sustituir el criterio de población ajustada por población real. Aunque se ha escudriñado el asunto de la población ajustada, es el criterio de reparto, el peso del coste real de la sanidad y la educación (cerca del 80% del gasto real autonómico), aunque mejora levemente no cubre esos costes.

Tenemos perdón desmedido de la deuda catalana, ordinalidad y garantía de statu quo de por vida, financiación desigual de competencias singulares, accesos al IVA y aumentos en el IRPF, nivelación a costa de Madrid, escasa mejora en términos reales de las infrafinanciadas, tres sistemas de financiación. Una fascal de pasta (25 mil millones, más la asunción de la deuda, 80 mil) y un fascal de trampas. El ministro ha confundido el velo de la ignorancia, con nuestra ignorancia. Él es reformista.

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