La guerra como agenda

22.09.2025

Las dos grandes movilizaciones pacifistas en la historia de la democracia ("No a la OTAN", "No a la guerra") tienen tres cosas en común: el PSOE no estuvo, eran socialmente transversales y no produjeron resultado electoral especial para sus animadores.

Existen razones históricas y democráticas, en consecuencia, para dudar de lo oportuno de utilizar el extermino planificado de los gazatíes, como una estrategia de calle que mejore la situación electoral del PSOE. También, es dudoso éticamente que esta reflexión se haya abierto justo cuando Podemos y Junts parecen haber derrotado el otoño de relax de Sánchez.

El sueño de revitalizar la amplia movilización social que se produjo en esos momentos, los más amplios que se recuerdan, tras la lucha por la democracia, no parecen hoy al alcance del PSOE. Por cierto no hablamos de Ucrania o Rusia, porque es un asunto que no es divisivo y, quizá, moleste a los chinos y a los amigos de los rusos en la mayoría de Gobierno, que son varios.

La primera gran diferencia, para bien y para mal, es la polarización. La convocatoria no nacerá de la base social o la oposición, sino que será una movilización gubernativa, por lo tanto, muy escorada y con un punto plebiscitario. Ruidosa y que quizá llene calles, pero no generará más tejido político. Se trata de quitarle electores a Yolanda Díez y, si se puede, a Podemos. La polarización tiene su cara B: mucha gente moralmente golpeada por el exterminio, lo percibirá como una manipulación.

Por otra parte, así como el "No a la OTAN" y el "No a la guerra" eran directamente un tema nacional, la agenda política genera el suficiente ruido como para anegar parte del esfuerzo movilizador.

Por otro lado, el supuesto liderazgo español se disolverá en un amplo frente político que capitanearán Francia o Inglaterra, cuya maquinaria diplomática es incombustible, con la confrontación con Alemania y USA. Es un contexto que da para una gran manifestación, pero no para una movilización sostenida durante meses.

El Reino Unido, Canadá y Australia declararon formalmente el domingo su reconocimiento del Estado palestino en declaraciones coordinadas. Esta medida marca a los primeros miembros del G7 con economías avanzadas en dar este paso. Además, se suma Portugal. Es decir, que la unilateralidad y la singularidad española se diluirá.

Ambos movimientos contra la guerra en el pasado fueron socialmente transversales y no partidarios.

Recuérdese que Izquierda Unida, nacida después del referéndum (1987), solo obtuvo tres diputados más de los que ya tenía el PCE y Felipe González perdió crédito ético, pero mantuvo la mayoría absoluta.

El movimiento contra la guerra fue también transversal. La Cumbre de las Azores unió a la izquierda política contra Aznar, contra el belicismo norteamericano y la sociedad que deseaba revancha del referendum sobre la OTAN, más allá de evidentes razones objetivas: nunca se justificó la destrucción que suponía Irak y se temía, con razón, que la desestructuración iraquí provocaría la islamización radical de la zona. El protagonismo de Izquierda Unida en la movilización no generó un avance electoral notable. El PSOE que no bajaba de los balcones, Zapatero mediante, heredaría el esfuerzo cultural de IU.

Siempre hubo recelos internos tanto en el "NO a la OTAN" como en el "No a la guerra", pero su transversalidad impedía el dominio de una fuerza sobre otra. Por otro lado, solo una fuerza política estaba en condiciones de ser parlamentaria en los sectores a la izquierda del PSOE: IU. Hoy, sin embargo, es evidente que Sumar y Podemos combaten por su supervivencia electoral y eso afecta a cualquier movimiento. Que ese movimiento lo ganará el PSOE, seguro; que eso sea suficiente, lo dudo.

Eso no quiere decir que la derecha deba permanecer tranquila. Convendría, no regalarle a Sánchez un discurso que va a ser ampliamente compartido por nuestros aliados. Sanciones a Israel, reconocimientos de Palestina, se van a acumular, mientras las imágenes de Gaza, que hemos visto y las que ahora no estamos viendo, pero intuimos, martillean el sentido común de la gente. Mantener la posición sobre la agenda política sin aceptar el elefante que el Gobierno pone sobre la mesa sería una buena idea, también, usar el mismo discurso en todas partes también sería buena cosa.

Solo las "tontadicas" que la gestión del gobierno nos regala cada día (desde el asunto de las pulseras antimaltrato a la agenda judicial y los cuponazos varios, la excepción catalana para todo, incluída la política migratoria) dan para un bien discurso. La supuesta pacificación catalana puede diluirse si Junts se asusta con las encuestas catalanas o pone en marcha movilizaciones que contraprogramen las de Sánchez.

Será Podemos quién dé fin a la legislatura, la que sume, junto a Junts, nuevas derrotas parlamentarias, cabe esperar mañana la migratoria. No es descartable una revitalización de cierto independentismo dormido en las calles. Todos pueden jugar a "tapar la calle, que no pase nadie"

El presidente más podemizado, prepara gestos que, probablemente, aproveche – en realidad es lo que han hecho Reino Unido, Canadá, Australia y Portugal (tras Reino Unido como es natural,, en un movimiento coordinado, para tocarle un poco las narices al rey de las cremas solares y cosas varias  de índole interna.

Sánchez quiere cambiar el marco mental de la ciudadanía, políticamente agotada y llevarnos al comodín de la extrema derecha, pero sin citarlo. No es lo que la izquierda quiere, ni lo que el PSOE necesita electoralmente, necesitamos un respiro, pero no nos lo da, a Él le puede venir bien. Y si a Él le va bien, qué podemos hacer, es tarde, él no ha comido aún, pero tranquilos, está bien, La duda, estimados compañeros y compañeras, es si la guerra como agenda garantiza éxito. 

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