El paseíllo o el coste de la vanidad
Buen tiempo, semana de paseo. Aquí ha paseado todo el mundo: Sánchez, Biden, Aragonés, Colau, Felipe VI, Ursula. Cuando creíamos que había acabado, se han añadido a los paseíllos Garamendi y obispos. Cosa que da para sesuda reflexión.
Pero hoy es viernes y como llevan ustedes con el cronista más viernes que con Garamendi sabrán que los viernes el jefe de la Clicktertulia, don Juan Ignacio Ocaña, dice que de cosas sesudas nadas. Los CEO de la radio están de acuerdo y anuncian jugosa prima de fin de semana (lo mío es como lo de Ramos: un año comentándolo, pero nada).
No obstante, comprenderán que el paseíllo tiene su miga. El paseíllo, aunque ustedes no lo crean, tiene una gran importancia en nuestra historia.
Se dice que las ganas de una serpiente por pasear al lado de una señora nos trajeron a este valle de lágrimas. Un paseíllo por el Gólgota hizo nacer la fe de miles de millones de seres humanos. Paseíllos se han dado a injustas muertes y asesinatos de todo tipo.
Un paseíllo, por ejemplo, nos permite recordar a todos los actores y actrices que nos han hecho soñar esas increíbles historias. Todos tenemos un paseo en nuestra identidad sentimental.
Los médicos aconsejan el paseíllo, al parecer mantiene el tono físico y reduce la amenaza del colesterol. Aunque no todos comparten el consejo. Sin ir más lejos, el médico del presidente de los Estados Unidos ha lanzado una advertencia sobre el asunto.
No; no le preocupa la salud física del octogenario Mister Biden, afirma que uno no se lanza a los veinte segundos más largos de la historia, al decir de rueda de prensa de Sánchez, sin preparación mental.
El doctor ha acabado su comunicación, afirmando: "What a Bored roll". Algo así como ¡Vaya chapa!
Lo del paseíllo es el coste de la pretenciosa diplomacia norteamericana y la vanidad española. De la pérdida estratégica del valor de España y las ganas de venganza norteamericanas, desde Zapatero a las tontadicas hispanoamericanas.
Es la suma de la política de
Laya, que la lía donde vaya, y de los gestores de la Casa Blanca, que salvo Putin
y China, no les preocupa nada. De la estrategia de la Moncloa y de los Estados
Unidos que saben que sin la Unión Europea, España no la pinta en absoluto.
El paseíllo tiene un origen taurino. Los maestros y su cuadrilla desfilan ante su público. Eso sí, lo hacen con transcendencia, en silencio, con distancia social, caminando el más veterano a la derecha del desfile según se mira. Sí; lo han pillado: Sánchez no cumplió ninguna regla.
Quizá la idea de Sánchez proceda del paseíllo que conduce al reo al cumplimiento de su pena. Los ojos fijos de Biden, mirando, a lo lejos, a la libertad que produce el silencio y la huida de las cadenas, se parecen más, sí, a pedir indulto por esa condena,ñen forma de inacabable parrafada.
Ya les he dicho aquí que Sánchez me recordó a Curro Romero. Incluso en las tardes en que no toreaba ni hacía faena alguna, la apostura del paseíllo era inigualable.
Reconoceré, sin embargo, que tras ver la escena repetidamente, me ha sonado más a tragedia hamletiana: la creciente palidez de Biden, creciendo segundo a segundo, me ha recordado al color de la calavera de Yorick, cuando Hamlet le suelta el rollo de ser o no ser.
Porque el paseíllo es, precisamente, estar y no poder ser, como confirman otros paseíllos de la semana.
EL president de la Generalitat y la alcaldesa de Barcelona, tras no saludar al jefe del estado de España, se hicieron un paseíllo a la zona de las copas, faltaría más, para pedirle al jefe del estado de España que les presentara al presidente de Corea del Sur.
Es que Corea del Sur es una república y los archipámpanos catalanes, que dirigen un república que no existe, saludan a las repúblicas, pero no a los españoles y españolas.
También, hemos tenido el paseíllo de Ursula, la europea más deseada. La señora Von der Leyen, se ha cruzado Europa. Si hoy es miércoles, se dijo, tengo dos horas de paseíllo en España.
Eso sí, siendo alemana, los paseíllos no salen gratis. En dos horas, se redujeron las entregas a España en 9 mil millones este año. O sea, que nos sale el segundo a un millón y cuarto de euros. Eso es un paseíllo y lo demás tonterías.
Suele molestarle a Don Juan Ignacio Ocaña, el jefe de la Clicktertulia, que el cronista cite a Carlos Marx. Pero tendrá que reconocerme que tenía razón cuando afirmó que la historia se repite: primero, como drama y, segundo, como comedia.
Hasta ahora, solo había un afamado paseante, que se ganó su puesto en la historia con una marca, producto del destilado de malta escocesa, se llamaba Jhonny. Pedro Walker ha convertido al paseíllo en destilado de meme. Un chiste, si el ridículo no lo pagara la marca España.
Mis queridos y queridas enmascaradas, cuídense, mantengan su máscara, es pronto para ofrecer nuestros labios a los besos: Pedro Walker, se diga lo que se diga, aún no nos ha convertido en rebaño, o quizá sí, como creen Garamendi y los obispos: tú me das una medalla, yo te doy indultos, tú me quitas mascarillas, yo te doy indultos. Lo que es , es
