El hombre de viernes tiene un secreto

04.04.2025

Este día de abril, destemplado y desabrido, nuestro hombre se sumerge en un túnel de la tristeza. Él tiene un secreto. Al levantarse, se miró en el espejo y se dijo: no; esta vez no. Y se negó a conducir su coche. Miró de reojo, en el garaje, con cierta rabia, a su Testa Modelo S. Susurra: hemos terminado y se va a coger su bicicleta, por supueto con motor eléctrico.

Se acabó la época MAGA (Make great America Again). Se acabó la magia. Probablemente, por ello Elon deberá dejar la Casa Blanca para volver a hablar con sus accionistas y prestamistas algo mosqueados. Y de paso, permitir que los republicanos amiguetes ganen elecciones que, con él por medio, la cosa se pone chunga: pregunten en Wisconsin.

Aquel hombre tenía un sueño y podía pagárselo. Lo descubrió el día que Elon Musk hizo una de las tonterías de oligarca que más se recuerdan, para epatar a su competidor: tenemos un coche rojo con un traje de astronauta, danzando por el espacio, enviado por un SpaceX, que vale una millonada.

El hombre lo compró para formar parte de un futuro más verde, pero eso fue antes de que Elon Musk alzara el brazo en modo de saludo fascista romano. Ahora piensa en venderlo, pero los precios han bajado y viaja algo avergonzado en una bicicleta que, probablemente, ya es más cara que su coche,

Después de que sus hijos se fueran de casa, su esposa y él decidieron darse un capricho y comprar un coche nuevo para unas vacaciones por Europa. Tras años conduciendo una camioneta familiar, llevándola con los niños, el hombre ilusionado y su mujer querían algo para ellos y, porque negarlo, presumir un poquito.

Al parecer, se regaló para su cumpleaños, porque él lo valía, una prueba de conducción del Tesla Modelo S. No se parecía a ningún auto en el que hubiera estado antes. Pensó: "¡Esto es increíble!"

Parecía el futuro: una computadora sobre ruedas que se actualizaba constantemente con nuevas funciones, le habían prometido que, incluso,  un día no tendría que conducirlo.

Pero el hombre que compró un Tesla ya no se siente bien y mucha gente parece compartir esa opinión. Las ventas de Tesla han caído un 13% en lo que va de año. Otros aún están de peor humor: la semana pasada se produjeron 200 manifestaciones para protestar contra Elon Musk y la bola de demolición que ha lanzado contra el gobierno federal y su personal.

Corren rumores de que muchos en Washington preferirían a Musk fuera del gobierno y los accionistas de Tesla también.

El hombre del Tesla no tenía ninguna queja del coche en sí: era silencioso. Era grande. Y, algo importante, al ser eléctrico, era ecológico.

Hay quien opta por un deportivo cuando es joven y desea adquirir una nueva sensación de libertad, son como los moteros, ustedes me entienden, Pero el hombre consideraba que en la edad adulta, quería abandonar el diésel y la gasolina.

A pesar de la preocupación de la gente por la falta de infraestructura de carga, las baterías las pondrían los chinos pensaba, la red de Tesla parecía estupenda. El hombre del Tesla viajó a Suiza, a Italia, al sur de Francia.

El hombre del Tesla era de izquierdas, pero comprar el 11coche no fue una gran declaración política, sino más bien un reconocimiento de cómo serían las cosas en el futuro.

Seis años después ya no parece tan buena idea. ¿Qué se siente conduciendo un coche construido por un loco?" Pero el hombre no le daba importancia a la pregunta: no le prestaba mucha atención al empresario.

Al hombre que conducía un Tesla le pareció muy extraño que un tipo que defendía los vehículos eléctricos también tuviera opiniones tan reaccionarias. Empezó a notar un cambio en el grupo de propietarios de Tesla. Cuando la política de Musk se volvió más extrema, la gente empezó a publicar que ya no se sentían cómodos teniendo un coche así.

Pronto fue imposible ignorarlo: el muchacho era un enloquecido, apoyando a nazis alemanes, a jueces ultras y cosas de populistas reaccionarios. Qué duro es tener un Tesla y, ahora, el hombre espera que el mercado suba. Igual se compra un chino.

Los amantes de la Harley opinan que, bueno, una Gucci no está mal y hay algunas asiáticas que molan.

El hombre de virernes tiene un secreto: no conduce Tesla. No necesita paciencia, no hay callejones oscuros, ni tráfico del que quejarse: deja la bicicleta, esperando que sus ojos no delaten su secreto.

Se lo tengo dicho, por qué buscar joyas desmedidas. Por módico precio pueden tomarse a la salud de los conductores secretos de Tesla un vinito conveniente. Es probable que, gracias a Trump el precio baje. Háganme caso. 

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