Desde mi caverna, día 8: el enjundioso caso del pañal prestado
Hoy es domingo. Hoy no es lunes, diga lo que diga el soldado ese vestido de azul que sale en las ruedas de prensa, empeñado en que importemos lenguaje bélico a toda costa.
Así que siguiendo las instrucciones de mi jefe radiofónico, Don Juan Ignacio Ocaña, mantendré que al viernes, sábado y domingo corresponden crónicas "weekend". Es decir, explicándoles la vida, pero sin más drama del que ya tenemos.
Déjenme decirles eso sí, que la mitad de los días no entiendo a Sánchez. Ayer, tras una hora de estadística se le olvidó comentar lo que todos temíamos y sabíamos: que hoy anunciaría la prolongación del confinamiento. Debo decirles que, siendo de izquierda, miro el Tuiter y hay mañanas que no sé si soy de los nuestros.
En cualquier caso, en estos momentos difíciles, recuerdo que hace seis años, la sanidad pública salvó mi vida. Una patología con nombre de nazi (Wegener) me paseó por salas de urgencia, ucis, uvis y plantas. Fue en Cataluña, fíjense, de Los Camilos a Bellvitge, para acabar siendo reparado en el Marañón.
Quiero decirles, amigas y amigos que sufren que lo sé de buena tinta: están en grandes manos que harán todo, "wathever it takes", como si fueran banqueros centrales, para salvarles. Ánimo.
Les contaré, al hilo de mi experiencia, el valor de los héroes y heroínas ..."A grandes males, grandes remedios", se dice la intrépida enfermera jefa, siempre dispuesta a ir más allá del deber..."Baja a la cuarta y que te presten uno", ordena resuelta a un auxiliar ...¿un anticipo de nómina? ¿Un especialista? ¿Un recurso de última necesidad? No; un pañal.
Pedir prestado un pañal es cosa de enjundia pues, aún teniendo razón la voz popular y siendo mejor pedir que robar, asuntos técnicos no menores como la textura, el grosor o el tamaño pueden poner en riesgo la operación.
Pero la enfermera jefa no vacila, tiene expertos en sus filas. Una especialista sale rauda de la sala y retorna, no con uno sino con dos ejemplares. La sala aplaude la acción de comando y la enfermera jefa respira aliviada por la superación de una crisis más.
La gestión hospitalaria es tan just on time, just on time que, como Ustedes comprenderán, nunca esta on time, y menos ahora que, además, pasamos por aduanas. Así, la economía de trueque entre plantas se ha adueñado del hospital.
Hay heparina en crónicos se sugiere al oído de la enfermera jefe y una especialista se desplaza rauda para luego esconder unos misteriosos tubitos en sus cajones.
Hay vías y sondas en la tercera, advierten a la jefa de los vampiros - extracción de sangre a las seis de la mañana, por dios - que corre para rellenar su caja de tortura. Se ha avistado paquete de mascarillas en oncología y, al poco, unos pocos ejemplares han sido eficazmente distraídos.
Y así hasta que llegan los portadores y se restaura el equilibrio. Son estos, ciudadanos y ciudadanas que transportan paquetes y piden códigos. No se les recibe con ansiedad, conviene no mostrar nervios, como si no existieran. Cuando el portador desaparece, la enfermera jefa se lanza sobre el paquete, se esconde a sí misma una parte de su contenido y devuelve lo que recibió en préstamo.
Así queda cerrado el modelo de circulación de mercancías sin excesivos costes de transacción. Bien es cierto que, como en toda economía irregular y de trueque alguna ineficacia se produce: por ejemplo, se ha detectado una sospechosa e irregular línea de tráfico de pijamas y batas.
Pero nos queda el enjundioso caso del pañal prestado.
A quien debe pedirse tan relevante instrumento: a jefe experto o a auxiliar. Como efectuar, en su momento, el canje ¿por unidades o por paquetes? ¿Debemos llevar contabilidad separada de las unidades? ¿Puede anotarse en el programa de gestión un consumo impropio? Decisiones que la enfermera jefa decide con la intrepidez que caracteriza al cuerpo.
Pero no es esto lo más difícil de dilucidar, amigas y amigos.
Todo préstamo debe pagar interés. En este caso, ¿será al tanto por uno o según carga? No es cosa baladí. Ustedes saben que el rédito es el valor que se le concede al tiempo, y cuando uno está enfermo el tiempo es oro. Así pues, ¿habrá habido usura en el préstamo del pañal? ¿A qué compromisos inconfesables habrá llegado el prestatario?
La sala enferma no ignora la enjundiosa cuestión, pero guardia silencio. Mejor no saber. Semper fidelis, susurra la enfermera jefa, mientras calcula el suero que debe pedir en préstamo. La enfermera jefa no conoce a nadie en China, así que lo del respirador y las mascarillas deberá esperar a la aduana.
Como ustedes deben permanecer en sus casas, hoy y algunos prorrogados
días más, piensen en el tráfico de nuestros hospitales y en los héroes que trafican mercancías para salvar vidas. Pero no sean
pesimistas. Aumentando la cantidad de datos consumidos, convirtiéndonos en
potencia mundial, que orgullo, mi nieto y mis nietas me han videollamado para
decirme que todo saldrá bien. Y yo les creo.
Banda sonora: Perfect Circle, The nurse who loved me
