Desde mi caverna, día 52: El monitoreo nos acecha de nuevo

05.05.2020

El mismo día que el Congreso aprobaba la idoneidad de Gabriela Cañas para presidir la Agencia Efe, la nueva directora ha afirmado ante la Cámara, leído y reflexionado, o sea que no hay lapsus ni linguae ni calami que valga, que es partidaria de establecer "sólo una fuente oficial de información". El "monitoreo" nos acecha de nuevo.

Al parecer, nadie mejor que una empresa pública, controlada por el Gobierno, en fin, para "desactivar" los bulos tan perversos para nuestra democracia. Función que ninguna entidad privada, ni La Sexta mire usted, puede, al parecer, realizar.

Para que no se diga que nuestro Gobierno no es cosmopolita, casi a la misma hora, el Gobierno francés anunciaba que incluiría en su página oficial una serie de artículos dedicados al coronavirus, eso sí, seleccionados, lo que ha enojado al periodismo galo.

En realidad, lo de una página oficial se parece bastante a poner a un periodista a filtrar preguntas. El sueño de los gobiernos ha pasado a ser etiquetar las líneas editoriales de los medios, indicar quién debe ser creíble o no. En realidad, se trata de que la información no tenga origen plural, ni distintas versiones.

No deja de ser algo sospechoso que quienes se empeñaron en liquidar empresas públicas de información o prohibieron la publicidad en televisiones o radios públicas para empobrecerlas, o enriquecer a los demñas, levanten ahora la bandera de la verdad pública.

No hace muchos días, con el pretexto de reflexionar sobre incentivos y bienes públicos, un largo debate en la profesión económica, el portavoz de Economía de La Moncloa, parte del Ministerio de la Verdad y la Neolengua, sugería que una agencia, pública naturalmente, debería premiar - con pasta y subvenciones, obviamente- a "las buenas prácticas" en los medios de comunicación.

Una economista francesa muy ponderada en la España del populismo radical y las líneas editoriales tipo soy "el pianista del burdel", pero quiero forrarme, Julia Cagé, presentaba hace unos años un ensayo, bien argumentado por cierto, que con el título "salvar los medios de comunicación" proponía, partiendo de la misma idea de bien público, que desaparecieran los accionariados de los medios.

Su idea es que estos funcionen como fundaciones sin ánimo de lucro. El estado podría deducir impuestos a los que invirtieran en la fundación, salvo que sea el dueño de Zara, en cuyo caso hay que rechazar sus donaciones. O sea, los incentivos a los buenos medios.

En una palabra, más finamente escritas, ideas similares a las que Podemos ha venido defendiendo sobre los medios de comunicación.

El bulo es el pretexto perfecto, junto a los recortes de libertades que corresponden a los momentos dramáticos en las sociedades modernas - sean atentados o alarmas sanitarias-.

Al parecer, necesitamos que el manto protector de los gobiernos, más que iniciativas individuales, sociales, privadas o de cualquier naturaleza, nos ayude a conocer la verdad.

Distinguir un artículo en una página oficial, filtrar una rueda de prensa o codificar una única verdad es un género dañino de periodismo. La verdad excluida no sería digna de un "imprimatur" que, al modo de la vieja iglesia, convertiría al estado en legítimo propietario de la verdad.

La cuestión es que la información no es solo un bien público, aquel indivisible que todo el mundo tiene derecho a disfrutar, sino que es una libertad fundamental y la creación de medios y su independencia está constitucionalizada. Ni un estado de alarma puede suspenderla.

Naturalmente, en el mundo de la neolengua, los gobiernos no censuran, solo "monitorean". Los gobiernos no producen bulos sino "interpretaciones alternativas". Y si, alguna vez, ustedes quieren tratar de forma desigual a los iguales, utilicen la expresión asimétrica, quedarán fetén, fetén,

Lo que resulta más que sorprendente es que sean en ámbitos aparentemente de izquierda, herederos de los largos combates por la libertad en general y, de expresión en particular, los más seducidos por el control de los medios a estas alturas de la historia, justo en el momento en que las redes podrían democratizar la información - esa es la cara A del peligro de los bulos-.

Pero la historia, ahora, es que ustedes deben "monitorizarse" a sí mismos. O sea, que se queden en casa, excepto a las horas programadas. Cuando bajemos de los balcones, también tendremos que ocuparnos de esto. Ya queda menos. Mi nieto y mis nietas, que están monitorizados eso sí, afirman que todo ira bien y yo les creo.

Banda sonora: Eddie Fisher. Get Your paper

Fotografía: Anochece

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