Cambio de época. Periodo: populismo petulante
Un cambio de época, Pedro, con Bildu, más que petulante sugiere algo de inquietud. Sostiene Sánchez que, "aunque parezca petulante", no estamos para presupuestos sino para "un cambio de época".
Que ustedes y los barones socialistas no solo no entienden nada, sino que distraen al convocado por la historia para cambiarnos de época. Que nosotros, mortales y menos listos que Iván Redondo, no sabemos lo que necesitamos.
Lo del momento procesal suele ser, en política, de respeto conveniente. Como le dirán, presidente, sus nuevos mejores amigos vascos: o estamos a rolex o estamos a setas. De hecho, no se conoce momento presupuestario en la historia de los dineros públicos que haya cambiado época en ninguna parte.
Es natural que quienes están llamados a producir cambios históricos, sin haber preguntado al electorado por cierto, les tenga sin cuidado los presupuestos. Rutinario asunto del que, por otra parte, se ocupa Bruselas.
Pedro, ahora ya nos tuteamos todos desde que lo decidió Iván, el problema es que las épocas no cambian cuando algún prócer las convoca, sino cuando a las épocas les parece bien.
Incluso es bastante probable que el cambio de época del que habla Sánchez no ocurriera el día de la moción de censura que le trajo. Carismático e histórico presidente: te sorprenderá, pero ese solo es un asunto burocrático en el devenir de la época.
El declinar de la época que vivimos, por más que España llevara su propio ritmo a golpe del denostado régimen del 79, empezó muy posiblemente en 1989. No por la caída del muro, no se confundan, sino porque el capitalismo de casino que desató, una voraz ola especulativa y financiera, rompió el contrato social que había sostenido nuestro mundo tras la última gran guerra.
La ética tiene su origen en ese contrato social, ya que sin ese contrato no hay normas que definan nuestros valores. Sin ética pública ni institucional, sin valores compartidos, el estallido de la burbuja que parecía eterna y el contrato que aparentemente la sostenía rompió el marco democrático.
Nació el populismo, destrozó a las clases medias, cabreó a sus criaturas e inició un brutal declinar de la cultura y la ciencia, sustituidas por la vacua verdad de las redes sociales, transmutadas de hallazgo tecnológico en fuente de ira.
Sí; la época cambió y se llevó por delante, primero a los comunistas, luego a la socialdemocracia, más tarde a todo discurso liberal. España no fue distinta, por mucho que nos lo creyéramos, ni cuando éramos los mejores ni ahora
Contaminados de populismo abundante, las agrupaciones socialistas desaparecieron en podemizada jauría que gritaba en Ferraz. Lo de Izquierda Unida y el PCE pasó a la historia. La derecha se fracturó en trozos, siendo el populista el más relevante. Y así nos va.
A la crisis financiera - sin que la izquierda y la socialdemocracia hicieran nada, estábamos en la "champiñón ligue" económica, ya se sabe- le siguió una letal austeridad que, sin concluir, devino en aguda pandemia. Por lo que nos viene una década larga de escasez, salarios mínimos y mileurismo generalizado.
O sea, petulante Pedro: que la época no la has cambiado tú, sino la crisis y el virus. Y si nos referimos como nueva época a cambiar la forma de estado, diremos que no han sido las masas, siguiendo a áureos líderes, quienes cambiaron las cosas, sino un policía chorizo grabando a personajes venales.
No es la primera vez que el mundo vive una pandemia. El ser humano sabe que tras las epidemias vienen los renacimientos. Aunque es cierto que antes de Fernando de Aragón y de Florencia como centro del mundo hubo que esperar a que desaparecieran los bizantinos.
Al final de Bizancio, le llamamos final de la oscuridad, la violencia y la fatua irracionalidad. Ahora, lo que viene a ser lo mismo, necesitamos el final del negacionismo, la ira y el fatuo populismo. Es la historia, no ningún comentario malintencionado, aunque si alguien se da por aludido igual tiene razón.
Sánchez, me temo, se parece más al último bizantino que al primer renacentista. Pero el electorado dirá, qué quieren que les diga. Cierto es que, para que el renacimiento acontezca, debería la oposición proponer retos de modernización y cambio que no sean vueltas al glorioso pasado, por otra parte, inexistente.
Las épocas tienen periodos. En
este final de historia, tenemos, el periodo de capitalismo de casino, el de la austeridad
letal y, ahora, andamos en el populismo petulante. Esta es el periodo que Pablo
y Arnaldo quieren, según dicen, prolongar una década. Un esfuerzo por alargar el
bizantinismo, la inútil fanfarria populista.
