Calvo sugiere algo impúdico

04.09.2019

Hemos pasado de algo racional y democrático, la ocupación de cargos de gobierno por partidos políticos y coaliciones, a la ocupación de organismos reguladores o autónomos que, solo al parecer, habíamos convenido que debieran ser un ejercicio independiente y profesional.

La vicepresidenta Calvo, experta en liar lo desliado, ha alejado a Podemos de la televisión (RTVE) y los impuestos (Agencia Tributaria), viniendo en consecuencia a reconocer que estas son cuestiones supeditadas al Gobierno, cosa que, para escándalo de bienpensantes también creían Rajoy o Montoro, por un poner.

Para liar más la cosa, la Vicepresidenta ha sugerido que el Defensor del Pueblo, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) o el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sí son objeto de chalaneo.

Organismos reguladores del mismo nivel son la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y organismos autónomos del mismo tipo son AENA, los puertos, alguna entidad de gestión energética y cosas parecidas para las que, sin duda, en Podemos encontrarán perfiles de gestión adecuados, como su portavoz adjunta o Irene Montero.

La cosa de la confusión institucional, alentada por la Vicepresidenta, ya la había empezado Sánchez. En la alegría discotequera, donde se presentó el programa máximo que debe valer para seducir a vascos, cántabros y podemitas o para presentarse a unas elecciones, Sánchez propuso una "triple garantía" para superar la desconfianza en la izquierda.

La triple garantía consiste en la inaudita propuesta de cargar al estado con el seguimiento de un acuerdo partidario, creando "una Oficina de Cumplimiento del Acuerdo", dependiente (sic) "de Hacienda", 

También las Cámaras perderían la correspondiente autonomía del legislativo, creando comisiones de seguimiento en su estructura. Por lo demás, una especie de asamblea popular, cargaría con el escrutinio del asunto, cerrando la tripleta de desatinos en plena fiesta electoral y discotequera.

Seamos serios, solo cabe rogar en este "desdios" en el que nos habéis metido, camaradas, que seamos democráticamente serios.

Queridos camaradas: tras dos oportunidades históricas para demostrar que la izquierda puede ser plural, competir y, luego, colaborar, ahora nos vemos en la tesitura de someter a humillación no ya al aliado preferente, menos mal que es preferente, sino al conjunto del aparato democrático del país.

Esta confusión entre partidos e instituciones, más allá del gobierno, para afectar a organismos de gestión que se suponen profesionales, reguladores que se suponen independientes y parlamentos que se suponen autónomos es una de las históricas demandas de regeneración institucional en España. 

Frente a las demandas regeneradoras de todo populismo y propuesta renovadora ante el bipartidismo, incluido Sánchez hasta que se ha puesto a practicar la alquimia del superviviente, se nos propone la más vieja de las prácticas del bipartidismo: el reparto. Si Podemos entra en esa vía, las risas embargaran nuestro ánimo.

De los mismos productores de la enésima batalla por el relato, nos llega ahora la impúdica sugerencia de la almoneda institucional. No hay enmienda, camaradas, no hay enmienda.

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