La debilidad de los iconos solitarios 

21.06.2026

Se grita, con no poca ironía: ¡José Luis, se fuerte! Se susurra en las sedes del socialismo realmente existente, con la misma ironía: ¡Resistencia! Pero ya nada será igual. Descubrir que la moral no tiene faros, sino prácticas y que la historia no es euclidea, no tiene lados, produce notable desconcierto, un atroz vaciamiento del relato. Advertidos estaban. Los productores de conocimiento y los de muros antifascistas se diluyen como lágrimas en la lluvia.

Ayer mismo, el hagiógrafo del periódico del progresismo global, autorreferenciado como votante socialista, afirmaba: "No han cumplido con su deber de crear un sistema lo más invulnerable posible a la corrupción; y se lo hemos permitido", declarando, además, que apoyar a Sánchez resultaba imposible. (Javier Cercas. Zapatero y la mierda. El País. Junio 2026).

Comparto tesis en esa columna se nos da una higa que ZP fuera faro de nada y han mantenido un sistema de corrupción, lo de la presunción de inocencia va de suyo, la falta de ética es lo mollar. Lo que no tengo tan claro quién es ese mayestático: "se lo hemos permitido". No seré yo, expulsado de la izquierda a la "fachosfera", por decir lo mismo; si acaso serán los propios y sus voceros que, me sospecho, han recibido mijagas de venalidad.

Hay las mismas probabilidades de que las joyas de la miseria ética sean un regalo que de ser un pago en especie. Aparecerá algún papel, Moratinos busca desesperadamente, que nos distraerá de lo mollar de este asunto: codicia, conspiraciones con dictaduras y hasta activo de intereses extranjeros, todo a cambio de pasta gansa. Si uno está dispuesto a reconocer que se quedó de forma impropia con un regalo, que este es desproporcionado, por mucha inflación que haya en el mercado de la cortesía, que ha cometido un delito fiscal o vulnerado su propio código es que algo pasa. Y es legítimo pensar de qué se trata: la verdad es más peligrosa.

Pero no pasa nada. La inocencia de ZP y su familia ha sido declarada. Pedro y la socialdemocracia confían en Zapatero, ha declarado en Bruselas el presidente. No es como aquel Churquil que afirmó que no opinaba de los franceses, porque no los conocía a todos. Pedro sí conoce a todos los socialdemócratas, quizá es que últmamente son pocos, y sabe que consideran a ZP el principio de todas las conjunciones planetarias progresistas y perdonable cualquier desliz contable. Arroyo y Pedro, portavoces de ZP a los que solo creen en los programas de RTVE, de los de a fascal la hora.

El socialismo realmente existente ha sostenido la ficción moral que, ahora, escandaliza a Cercas con tres instrumentos: la política de comunicación, el relato y los portavoces del muro, algunos fuera del sentido común (el tal López), otros simplemente fuera de la civilización (el tal Puente). Los tres parámetros han quedado destrozados por la contundencia del dato judicial, a cada cual más demoledor. La declaración de ZP les daba tiempo de rearme, creían, la imputación de las hijas, destrozó la posibilidad

Queda el griterio ordenado de las mesnadas alrededor del lawfare que no es sino expresión de esa derrota de quien pretendía gobernar sin el legislativo y, al parecer, al margen del judicial. Perdida la cuenta ya de los casos que acechan a los iconos del progresismo, les queda algún día de excitación, a cuenta del pasaporte de la señora del enamorado. La Audiencia corregirá algún exceso, pero el juicio seguirá adelante. Por cierto, la entrada del Consejo en una decisión jurisdicccional redunda en el deterioro de la dirección administrativa de los jueces. Es la Audiencia quien debe corregir. 

El icono global se desvaneció, el progresivo desvanecimiento del icono de Hernand le condena a "pixelarse" desnuda para hacernos olvidar su grito excitado. Lo que resulta insoportable para la militancia que aún se refugia en las sedes es la debilidad de los iconos, hoy convertidos en sospechosas sombras de fraude. La historia os recordará así muchachos: el legado de la venalidad.

Los iconos sin partido, solitarios, tienen dos serios problemas: primero, carecen de control, no les queda más camino que el cesarismo y las múltiples tentaciones de gestos autoritarios. Por otro lado, se debilitan sus influencias a través de los mecanismos de control, que habían establecido, sea la lista de los 61, las subvenciones, contratos a dedo o las contrataciones de "nepobabys". No es menos relevante la huida de los corifeos del progresismo realmente existente que ven en peligro su función social y cultural de prescriptores de lo correctamente progre, convenientemente remunerados.

Las familias de los iconos se han convertido en la última referencia de toda resistencia: un juez tiene curiosidad por conocer adónde ha viajado ella, más que por que no se vaya, un exceso de curiosidad judicial que pagará con un tirón de orejas. Nadie entiende por qué las hijas del faro moral se han implicado en tal asunto, salvo presión de su padre para ejercer el blanqueo. Dos cuestiones que remiten, de nuevo, a la debilidad creciente del relato.

Qué pasará esta semana: más trasunto judical, más griterío, menos política, menos gobierno. Más de nada.

Carmen Moran escribía el pasado mayo sobre la izquierda abatida. Venía a decir que el sobrepeso que las múltiples nuevas identidades (la cosa "woke") habían añadido a su conciencia de la igualdad es lo que, dice, aleja a la gente. Esa maldición de Milton que afirma que lo que defiendes acaba por devorarte. A quien ha agotado esta técnica es a la izquierda, sorprendentemente a los más jóvenes, expulsados del bienestar, como aquí se ha dicho más de una vez. Pero el abatimiento no surge solo de la selección de batallas incomprendidas, ⁹⁹sino de la política de la nada. Todo cosmética.

Esa búsqueda de nuevas identidades por la socialdemocracia realmente existente aparece ahora como la búsqueda de nuevos parapetos para construir un relato que tapara la ingeniería contable con la que se estaban construyendo los apoyos venales y las codicias personales.

Este es el primer problema, cuando los iconos sustituyen a los partidos, se convierten en sombras solitarias, nada importa salvo el lobby de turno. El segundo es que, cuando la debilidad del icono se hace insoportable, no hay partido con historia legitimada para recomponer el discurso. La condena de la militancia al estupor es inevitable.

La militancia podemizada del socialismo realmente existente no supo ver lo que Cervantes le hizo decir a Don Quijote: "sabéis poco del mundo, pues ignoráis los casos que suelen suceder en la caballería andante". Las otras izquierdas de verdad verdadera no estaban por la labor, el beneficio de su lobby dependía de los iconos.

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