La cuerda se rompe solo si la constancia es poca

Cuando los de izquierda no rompíamos papeleras, incluso nos pasábamos por clase de física, flojos que éramos. Lugar excelente para averiguar, por un poner, que la fuerza que aguanta una cuerda que se tensa depende de la distancia que se estira y de la constante asociada a su material.

Es una ley física (Hook) no sometida a la malvada influencia de los poderes fácticos, el IBEX35 o perversos medios de comunicación. Quiero decir que no hace falta que me llamen facha, todavía.

¿Cuál es la constante asociada a una cuerda política? Esa es una buena pregunta a la que el cronista no puede responder ni la física tampoco. Entre otras cosas, porque depende del tipo de político que tira de la cuerda y el que se deja tirar.

En el caso de Sánchez es evidente que Hook hubiera estimado que la constante es directamente proporcional a sus ganas de evitar elecciones: o sea, muy alta.

Dada esta constancia, lo suyo será creer que el socio minoritario de Gobierno seguirá tirando de los hilos, a sabiendas de que la calle es suya, perdón eso me acaba de sonar a alguien, aunque Echenique ha dicho algo muy parecido y edificante.

Las polémicas sobre la igualdad y el género, política exterior, la exclusión de cualquiera de las derechas de acuerdos de estado, sobre la vivienda, la política económica, etcétera, se han hecho habituales, pero no inquietan a Sánchez: Iglesias tiene barra libre, porque los socialistas han aceptado su forma de hacer política.

En unas carteras a las que la pandemia, cuando no la ineptitud - consumo, universidades,-, han dejado escaso contenido y la que la tiene (trabajo) ya no responde a criterios ni llamadas de Podemos, el ruido en los medios de comunicación, canallas de alcantarilla que no le siguen al prócer la corriente, es la forma de mantener tensa a la afiliación y a los votantes que van quedando.

Una de las cosas que han mostrado las elecciones catalanas - y que es consecuente con otro tipo de elecciones- es la mayor movilización pre y postelectoral de las formaciones populistas de todo signo precede a su éxito.

Así entre nosotros, los versos de Hasél se le dan una higa a Echenique y su pandilla, lo que de verdad importa es mantener atrapadas a las excentricidades radicales en el granerillo electoral.

Que el PSOE crea que su electorado se mantiene igual de tenso puede ser un error. Aunque enseguida Iván Redondo se pondrá a ello para tener dispuestas al combate a las huestes.

La tensión y la movilización, propia tanto de populismos como de políticas frentistas, son necesarias, más aún ante una derecha tan dividida como impasible ante todo lo que está ocurriendo.

A ustedes podrá parecerles que las trifulcas del Consejo de Ministros, cuando se hacen públicas, no responden a nuestra forma de gobierno ni favorecen la compresión de las políticas públicas. Pero es que a ustedes le preocupan cosas muy raras.

Sepan pues que la cuerda solo se rompe si la constancia no es excesiva, y la constancia de Sánchez es grande, cual paciencia de Job.

O sea, que nada, que saldrán todo tipo de leyes, con retraso o atrabiliarias, y todo seguirá paralizado y con ruido, no sea que tengamos que hablar que vacunas, y eso no está en la fórmula de gobierno.